El realismo urbano
Esta corriente literaria nace en Europa en el siglo XIX, justamente en esa época hubieron diferentes cambios sociales e ideológicos que provocaron la revolución industrial. Este movimiento pone fin al movimiento del romanticismo; el objetivo del realismo es representar la realidad de manera objetiva y crítica basada en la observación de los sucesos cotidianos, su género literario es la novela ya que este es el medio más adecuado para representar la realidad, los lectores en su mayoría pertenecían a la clase media quienes impusieron sus gustos y costumbres. El público estaba interesado por los problemas de la sociedad contemporánea, una sociedad que proporcionaba las ventajas del progreso, pero también problemas hasta entonces desconocidos
En el Perú este movimiento literario nace a partir de la migración masiva de la gente del campo a la ciudad, principalmente a Lima, causándole demasiados desórdenes, es por eso que el autor Salazar Bondy crítico este suceso y apodo a lima como "Lima la horrible"; es así como los autores se inspiran en esta problemática y los incorporan en sus obras literarias.
Pero el urbanismo es algo más: el movimiento de las ciudades es relativo al de las personas que las habitan. La ciudad va desplegándose, creciendo e incorporando vías y redes para responder a las necesidades de la sociedad. Y aunque a veces también se convierte en una moneda de cambio político, debe ser esa sociedad la que transforme a la ciudad.
La presencia de Lima en la literatura:
Una literatura que tematiza los siguientes temas:
Lima como espacio social/espacio de vida
la vida de grupos/estratos de la sociedad limeña
la vida social de ciertos barrios de Lima
la historia y el desarrollo urbano.
Características:
Es objetivo.
Los relatos expresan el conflicto social de los pueblos andinos.
Los personajes representan a los grupos sociales empobrecidos y marginados por el estado.
Indagan las frustraciones y ambiciones de sus personajes.
Representantes:
Los nombres más importantes relacionados con la literatura urbana son:
Mario Vargas Llosa (Los jefes, 1959; La ciudad y los perros, 1963), Julio Ramón Ribeyro (Los gallinazos sin plumas, 1954 (Cuento)) y Alfredo Bryce Echenique (Un mundo para Julius, 1970). Aunque no podemos descuidar otros nombres y títulos como Enrique Congrains: Lima, hora cero (1954); No una, sino mucha muertes (1958); Sebastián Salazar Bondy: Lima la horrible, 1964; Oswaldo Reynoso: En octubre no hay milagros (1968); Carlos Zavaleta: Los aprendices (1971).
Mario Vargas Llosa:
Nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa.
Novelista que màs ha trabajado por la renovacion se las tècnicas narrativas en el Paìs. Poseedor de uan fèrrea disciplina en du trabajo literario. Ha sabido plasmar su notable dominio del lenguaje y profundo conocimiento de distintas zonas del Paìs.
Muchas de las obras de Vargas Llosa están influidas por la percepción que tiene el escritor de la sociedad peruana y por sus propias experiencias como peruano. Sin embargo, de forma creciente ha expandido su repertorio y tratado temas que son de otras partes del mundo. Desde 1958, en el inicio de su carrera literaria, recibió la nacionalidad española en julio de 1993, de modo que en sus obras se percibe también una fuerte influencia europea.
Julio Ramón Ribeyro:
(Lima, 1929 - 1994) Escritor peruano, figura destacada de la llamada Generación del 50 y uno de los mejores cuentistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Recibió su primera enseñanza en el Colegio Champagnat de Lima, para posteriormente ingresar a la Universidad Católica del Perú (1946), donde cursó letras y derecho. Abandonó los estudios jurídicos en 1952, cuando se encontraba en el último año de la carrera, al recibir una beca para estudiar periodismo en Madrid, adonde se trasladó en noviembre del mismo año.
Ribeyro es un narrador perteneciente a la Generación del 50, un grupo de escritores que buscó una renovación en la narrativa peruana, y que tuvo como tema preferente la descripción de los cambios producidos en la sociedad limeña, que comenzaba a sufrir por esos años un acelerado proceso de modernización.
En sus cuentos se percibe una constante argumental cíclica: el examen del entorno social y humano, que ratifica la certidumbre del fracaso de cualquier empeño; sus personajes, al final de cada historia, se encuentran siempre enfrentados a la frustración. Construyó así un mundo de poderosa coherencia interna, un universo dominado por un profundo escepticismo y un fatalismo derivados de la observación de la realidad. Este supuesto sustenta la sólida lógica interna de su cuentística, aun cuando es posible encontrar en ella matices de intensidad y tono. Cabe agregar que cultivó también relatos de corte fantástico, de excelente factura, pero que componen un conjunto menor.
Alfredo Bryce Echenique
(Lima, 1939) Narrador peruano cuya prosa desenvuelta y osada lo ha situado entre los más originales narradores latinoamericanos. Bryce Echenique ha desarrollado una narrativa muy próxima al cuento oral, donde se difuminan las fronteras entre realidad y ficción, pues el autor recurre frecuentemente a sus propias experiencias para configurar un relato vivo y plagado de giros y peripecias. Profundo conocedor de la sociedad limeña, clasista y contradictoria, recurre a la ironía para lograr un humorismo que pretende provocar, según el propio autor, «la sonrisa lúcida». Es además el creador del antihéroe latinoamericano en Europa, caracterizado por sus contradicciones personales y una constante evocación de su lejano país.
La obra de Alfredo Bryce Echenique se inscribe en una corriente de profundos cambios en la narrativa peruana, ocurridos a partir de la década de 1950 con el paulatino desplazamiento del discurso indigenista a la expresión de los nuevos núcleos urbanos de la costa, formados por el intenso proceso migratorio desde el interior del país. Su estilo abiertamente desenfadado y lleno de anécdotas humorísticas y situaciones jocosas le hace heredero de la prosa de Ricardo Palma, el singular autor de las Tradiciones peruanas, con quien comparte también una tierna y benevolente inclinación por el pasado. Pero lo que para Palma era un ejercicio personal de la historia, en Alfredo Bryce Echenique resulta más bien apelación a la memoria y a la nostalgia, y una búsqueda de la especificidad narrativa a través del cuento y la novela.
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